- No pida yo nunca estar libre de peligros,
- sino valor para afrontarlos.
- No quiera yo que se apaguen mis dolores,
- sino que sepa dominarlos mi corazón.
- No busque yo amigos por el campo de batalla de la
- vida, sino fuerza en mí.
- No anhele yo, con afán temeroso,ser salvado, sino
- esperanza de conquistar, paciente, mi libertad.
- ¡ No sea yo tan cobarde, Señor, que quiera tu
- misericordia en mi triunfo, sino tu mano apretada
- en mi fracaso !
- La cosecha.
- Sé que esta vida, aunque no madure el amor,
- no está perdida del todo.
- Sé que las flores que se mustian al amanecer,
- las corrientes que se estraviaron en el desierto,
- no están perdidas del todo.
- Sé que cuanto se regaza en esta vida, cargado
- de lentitud, no está perdido del todo.
- Sé que mis sueños no realizados, mis melodías
- sin cantar, están cojidos a una cuerda tuya del laúd;
- que no están perdidos del todo.
- Tránsito.
- Mi corazón, pájaro del desierto,
- ha encontrado su cielo en tus ojos,
- ¡ en tus ojos, cuna de la aurora,
- imperio de las estrellas,
- cuya profundidad se lleva mis canciones!
- ¡ Deja sólo que me abisme en ese cielo,
- en esa solitaria inmensidad!
- ¡ Deja sólo que me entre por tus nubes,
- que se abran mis alas en tu sol!
- El jardinero.
- ¡ Cómo discuten y cómo gritan!
- ¡ Cómo dudan y se desesperan!
- ¡ Nunca se acaba su pelear!
- Que tu vida se ponga entre ellos, inalterable y pura
- como una lengua de luz, hijo mío,
- y les imponga silencio con su hermosura.
- ¡Qué crueles los hace la codicia y la envidia! Como
- ocultos cuchillos sedientos de sangre son sus palabras.
- Ponte tú entre sus corazones airados, hijo mío, y que
- tus ojos huecos caigan sobre ellos como cae la induljente
- paz del anochecer sobre la contienda del día.
- Déjales que miren tu cara, hijo mío,
- y que así comprendan el sentido de todas las cosas.
- Que te amen, y así se amen unos a otros.
- Ven tú a ocupar tu sitio al seno de lo eterno, hijo mío.
- Abre y levanta tu corazón al salir el sol, como una flor nueva.
- Y cuando el sol se ponga, inclina tu frente y acaba
- en silencio la oración de la tarde.
- La luna nueva.
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